Quién conocía a Ubaldo, le será familiar su mítica frase de “estoy en otra etapa de la vida”, y es que Ubaldo consideraba que la vida se dividía en etapas, y que con el paso de los años se iban superando.

Así, con tan solo 14 años se embarcó en la primera de ellas, saliendo de su Mallecina natal para emprender rumbo a Oviedo en busca de un trabajo con el que poder llevar algo de dinero a casa para ayudar a su familia. En esta fase, siempre recordaba, con gran cariño y agradecimiento, la figura de Pepe y Evaristo, dueños del restaurante La Paloma en la calle Argüelles, quienes le dieron la posibilidad de entrar en el mundo de la hostelería, además de enseñarle y aconsejarle.

En la segunda etapa, con los conocimientos y las enseñanzas recibidas, Ubaldo decide independizarse y lanzarse a la aventura, abriendo la Casa Sindical, que junto a su esposa Orfelina, a la que conoció siendo ambos trabajadores de La Paloma, regentaron hasta el año 1996. Ubaldo y Orfelina convirtieron la Casa Sindical en uno de los negocios referentes de Oviedo durante aquellos tiempos, por el que pasaron desde estudiantes en busca de los famosos pinchos de carne guisada hasta los indianos que llegaban a la capital.

Estando en la Casa Sindical, Ubaldo viviría la tercera etapa de su vida. Y es que dado el amor que siempre tuvo a La Paloma y lo que significó este negocio para él, decide darle continuidad al mismo, que por aquel entonces había cerrado sus puertas en la calle Argüelles, abriendo un nuevo local con el mismo nombre en la calle Independencia. Ubaldo adquiere las barricas de solera que estaban en la Paloma de Argüelles y continúa con la filosofía de este vetusto lugar.

Otra de las etapas de la vida de Ubaldo tiene que ver con la hostelería de Asturias. Ubaldo era un hombre que defendía el trabajo en equipo, fiel defensor del asociacionismo, ya que entendía que la mejor defensa de un sector era la de unirse todos. Por eso, junto a un grupo de hosteleros de la región, fueron los creadores de la Asociación de Hostelería de Asturias.

Y finalmente y como colofón, la última etapa de la vida, que era la que más deseaba, fue la de su Mallecina natal. Una vez jubilado, Ubaldo, junto con su esposa, disfrutó de un merecido descanso en su casa del pueblo. Allí recibía las visitas de sus amigos y el cariño de su familia. En este pequeño pueblo del concejo de Salas, Ubaldo se sentía como en el paraíso, disfrutando de grandes paseos por la naturaleza y pasando largas tardes al sol en la terraza.

Ubaldo fallecía el pasado miércoles, 6 de julio,  dejando un imborrable recuerdo a amigos y conocidos, que no dudaron en mostrar los gestos de cariño y condolencia a la familia.

Y es que Ubaldo García Pérez, desde el cielo, estará disfrutando de “otra etapa de la vida”.

 

Anuncios